Esfumato en Valdemorillo

Decía Pablo Neruda, “En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es un niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta”.

Esfumato nos recuerda con su original propuesta en escena que hay que conservar con cariño el niño que todos llevamos dentro y que éste no dista tanto del hombre o mujer en el que nos hemos convertido después de fichar cada mañana en el trabajo, pagar facturas o delegar nuestros sueños infantiles en las nuevas generaciones.

Aunque no tengo claro que el público al que Esfumato se dirige sean los niños, lo cierto es que con su espectáculo de luces, sombras y marionetas atrajo a un buen número de infantes que, subidos en los respaldos de los asientos del teatro de la Casa de Cultura Giralt Laporta de Valdemorillo, miraban boquiabiertos al dúo de magos de la ilusión: Enrique Amigó y Carlos Manzanares. Risas y espontaneidad como respuesta a cada gesto, nota o baile que absorbían desde el escenario y que, probablemente esa noche, nos hizo soñar a todos los presentes, niños o no, con luces de colores, acordes y desacordes, bossa, reagge, palabras, ecos, megafonías, bocinas o melodías afinadas.

Esfumato en Valdemorillo

Un racimo de canciones que discurrían sobre el cuento del soldadito de plomo y la bailarina y que iban tomando forma con la dulce voz, aliñada de su acento canario, de Enrique, y la agilidad y destreza de Carlos con los miles de juguetes que formaban parte de Esfumato.

Vaporosidad en el ambiente como la propia técnica de pintura que da nombre a este grupo nacido en 2004 como un proyecto solitario de Enrique Amigó, producido por Javier Monforte, y acompañado por Carlos Manzanares y Julio Gonzalo, al saxo, que en esta ocasión no les acompañó. Una propuesta, en definitiva, atrevida en la que se distinguen perfectamente dos partes: teatro y música, expresiones artísticas que unidas despiertan tanto el sentido del oído como el de la vista.

Por un lado está la parte musical, que les justifica en un ciclo como “Canciones al Filo”. En ella, Enrique se lleva una parte importante del protagonismo, puesto que es el autor de las canciones que sonaron y que versaron sobre temas tan universales como el amor, la irrupción de los hijos en la pareja o el estrés al que nos vemos sometidos cada día… Dice una de sus canciones, “la vida es como un rumor y hay que decirlo por ahí… la vida es como un limón”, – y dice la autora de este texto que… si la vida es como un limón, habrá que exprimirlo cada día, aunque escueza. Y luego están las melodías… los ritmos que a golpe de percusión nos invitan a viajar hasta África, que nos llevan, cuando son estridentes al centro de una ciudad, o nos enamoran con la cadencia de bossa. Sin olvidarnos de la parte importante que lleva la guitarra, siempre presente, los instrumentos de juguete, que sorprende lo que dan de sí cuando están bien tocados -no sería mi caso- o las programaciones que acompañan a cada tema.

Esfumato en Valdemorillo

Y luego está la parte ilusionista. Carlos asume la responsabilidad de despojarnos de nuestro papel de señores y señoras adult@s para que, de nuevo, libres y sin lastres, podamos volar con nuestra imaginación gracias a las imágenes que proyecta sobre una pantalla y que nos recuerdan a las populares “sombras chinescas”, uno de los primeros esfuerzos del hombre por reproducir el movimiento sobre un telón blanco, técnica ancestral, antecesora del cine. Así, reímos con una vaquita caminado alrededor de la luna, acompañamos en su danza clásica a una bailarina de papel, que enamoraba al lisiado soldadito de plomo, u otro baile… el de la sensual chica que nos hipnotiza desde la pista de una discoteca.

Esfumato en Valdemorillo

Se podría decir que en una hora y media los presentes disfrutamos de “la increíble historia de lo que sólo dos tipos pueden montar sobre el escenario, con mucha imaginación, juguetes, teatralidad y buen gusto”.

Fdo: Beatriz Pérez Otín

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Esfumato en “Canciones al filo” 2010

Esfumato surge en 2004 como un proyecto en solitario de Enrique Amigó, desarrollando canciones sobre bases electrónicas. El proyecto continúa en estudio de la mano de Javier Monforte. A lo largo de esos años comienza a compartir escenario con Carlos Manzanares que manipula juguetes y sombras.

El proyecto va cogiendo forma y poco a poco, las bases electrónicas van incorporándose al directo y los juguetes van incorporándose al estudio, dando lugar al primer disco de Esfumato “Juguetes y sombras” editado en 2008 con el diseño gráfico de Alejandro González.

El directo de Esfumato, con Enrique a la voz y guitarra, Julio Gonzalo al saxo soprano y Carlos Manzanares se complementa con melodías y efectos enteramente producidos por juguetes y bases electrónicas. El espectáculo se acompaña además de una caja de sombras en movimiento a partir de objetos reales. El escenario es un espacio íntimo en el que se mezclan voz, guitarra, saxofón, sonidos electrónicos, juguetes musicales y sombras.

8 de mayo de 2010
Casa de Cultura Giralt Laporta
Valdemorillo
21:00h.

5 euros a beneficio de Médicos del Mundo

Antonio de Pinto en Becerril de la Sierra

Con la sobriedad de un telón de fondo negro, custodiado a cada lado del escenario por unas cortinas bermellón, aparece en el escenario el cantautor de Lavapiés, Antonio de Pinto acompañado del guitarrista Antonio Toledo. Dos caballeros andantes, llegados desde la capital en autobús a este rincón del Guadarrama, Becerril de la Sierra, de cuyo nombre sí puedo y quiero acordarme.

Sobre las tablas, con sueño quijotesco, se presentan los Antonios con su mejor arma, la guitarra, y una gran colección de canciones de la discografía de Antonio de Pinto que dan de sí y crecen en directo, quizás por la pasión que arroja el interprete en ellas. Canciones, sobre todo, de su último disco “En mi rincón” publicado a principios de este año, y en el que de Pinto puede presumir de haber hecho lo que ha querido, puesto que es un disco autoproducido y grabado en casa con la colaboración de otro cantautor, César Rodríguez. Algo que sólo con mucha experiencia – quizás sus más de quince años componiendo y defendiendo su trabajo en las salas de música – le da voz de autoridad para hacerlo.

Antonio de Pinto en Becerril
Copyright Beatriz Pérez Otín

Volviendo a la cuarta cita del ciclo “Canciones al Filo”, quijotesca también por seguir defendiendo su espíritu a pesar de la falta de medios y sus, en ocasiones, pocos feligreses… nos encontramos con las letras intimistas de Antonio y las melodías de sus canciones, con guiños al rock andaluz de los 70 (siempre en búsqueda de la raíz flamenca), cierta influencia de rock sinfónico, y un aliño de reggae en algún tema, como “1+1”. ¿Y para conseguirlo? Antonio se custodia de la destreza y virtuosidad del gaditano Antonio Toledo, isleño como Camarón, que toca la guitarra con mucho arte. En definitiva, un diálogo sin tregua a 12 cuerdas y cuatro manos, que dejan al “escuchante” sin respiración.

Pese a la austeridad y sencillez de la escenografía, la particular y personal voz de Antonio consigue atrapar a los presentes en cada una de las historias. No ha lugar para el atrezzo que distraiga al espectador de este racimo de canciones, que tímidamente, casi entre susurros, presenta su autor. Y así entre canción y canción nos adentramos en la poesía de temas de actualidad como la inmigración en “Sobre la patera”, dramas como “El columpio de Mónica”, la sobrecogedora “Teatro de marionetas”, e incluso, viajamos hasta “Andrómeda”. Sin olvidar su paso por la canción “En mi rincón” que como dije, da nombre a su cuarto disco.

Antonio de Pinto en Becerril
Copyright Beatriz Pérez Otín

Se siente a “los Antonios” cómodos sobre el escenario, están en casa, aunque esta casa serrana no esté tan habitada como debería. El público está entregado, y después del “Fin” con mayúsculas, llegan los bises que nos despiden de un gran concierto.

Fdo: Beatriz Pérez Otín

Míguez y Pablo Ager en Collado Villalba

MODOS DE VIVIR QUE NO DAN DE VIVIR

Inicio esta crónica tomando prestado el título de un señero artículo periodístico del malhadado escritor español Mariano José de Larra. En éste, el periodista, una vez analizados varios oficios modestos desempeñados por gentes en ocasiones rozando una vida miserable, llega a la conclusión de que –sin embargo- el oficio menos verdadero, más pretexto de existencia que genuino oficio, es el de escribir para un público y hacer versos para la gloria. Y como Larra, diremos que, a día de hoy, ejercer de cantautor, de poeta de hermosas palabras y sentidas melodías, oficio es ingrato y sufrido, labor reservada a románticos y tozudos, a músicos –vates- amantes del anochecer pero fieles esposos de impasibles alboradas.

Míguez y Pablo Ager son una muestra más, de las muchas que proliferan por los bares de conciertos de nuestras ciudades, que dignamente desarrollan su actividad; a la cual, dicho sea de paso, dedican mucho tiempo, esfuerzo y amor, y, cuya recompensa, sea mundana, sea espiritual, suele verse mermada e incluso usurpada, por una sociedad que parece abducida por alguna raza enemiga –venida de no se sabe que planeta- y que parece conducirnos sin remedio a la trivialidad y la ordinariez más exasperante.

Pero vayamos con el concierto. Subió primero Míguez al escenario de la Casa de Cultura de Collado Villalba y presentó el concierto con esa tranquilidad de maneras que le acompaña siempre y con una agradabilísima sonrisa de la que, por cierto, nunca se desviste, ni encima, ni al bajar de cualquier escenario. Las canciones de este cantautor (que además acompaña como músico –violín- a otros cantautores como Antonio de Pinto o Cesar Rodríguez) pese a no tener el mismo tempo ni tonalidad, mantienen una unidad entre sí, un tono y un aire de familia que dejan en el oyente una sensación de sosiego y apacibilidad, de estar sumido en un estanque de gentileza, de armonía y comunión con el puro equilibrio devenido en música.

Pablo Ager y Míguez en Collado Villalba

Aunque brilló sobre todo con el piano acústico y la voz sola, es Míguez, si se me permite decirlo, un ilustre representante de un género al que yo también soy muy afín, y que me gusta llamar “trovatrónica”: es decir, canción de autor con elementos electrónicos, programaciones, etc… Aunque es un género del que pueden rastrearse antecedentes a finales de los años setenta (Franco Battiato, Serge Gainsbourg, David Bowie, Pablo Guerrero…) tuvo continuidad en los noventa (Javier Alvarez) y en la actualidad goza de buena salud y quizás quién mejor lo represente y mejor se desenvuelva en él en nuestro país sea Jorge Drexler.

Pablo Ager y Míguez en Collado Villalba

Un momento a recordar del concierto fue cuando Míguez invitó al cantautor Chema Lara, también residente en la sierra del Guadarrama, a hacer un tema juntos “Los restos del incendio” que adquirió nuevas trazas, y se vio beneficiado con los acertadísimos arreglos de guitarra y voz de Chema, y fue interpretado con pasión por Míguez.

El segundo cantautor, Pablo Ager, vino con su nueva guitarra de doce cuerdas, la cual estrenó en este concierto y fue también acompañado por el siempre cumplido y apasionado Maíllo al bajo eléctrico. Pablo estuvo divertido y relajado, bromeando entre canción y canción, exhibiendo sin vergüenza, pero con honestidad, todas esas tablas de cantautor urbano (“he malgastado los años en besar bocas de metro” dice una de sus letras) que ya tiene sobre los hombros a base de patearse garitos de aquí y de allá a lo largo de varios años ya de rodaje de su música. Música que como siempre sigue una línea clara y firme por y hacia el rock y géneros conexos como el country o el folk de raíces norteamericanas. Aunque para mi gusto, la mejor baza de Ager son sus letras en las cuales despliega un universo poético y sentimental de gran calidad y excelencia y de hondo calado.

Pablo Ager y Míguez en Collado Villalba

Hubo sitio en el concierto para tocar un tema al piano acústico también (faceta que Pablo debería –creo- desarrollar más) con solvencia y gracia; hubo lugar para que se acompañara también con la armónica e incluso para estrenar alguna canción, y, también, para realizar un dúo improvisadísimo, con Míguez, ya que éste tuvo el bonito, generoso detalle de cantar una canción de Pablo Ager como pequeño homenaje a la música de su compañero de escenario.

Pablo Ager y Míguez en Collado Villalba

Terminaremos esta crónica retomando la idea inicial de la misma: conciertos como los de estos artistas constituyen auténticos actos de valentía en una época poco amable con los francotiradores de la trova. Por ello les admiro, les alabo y les aplaudo, y creo que todos deberíamos hacerlo. Por su esfuerzo y coraje; por su entrega y su especial destreza. Y es que Míguez y Pablo Ager son, sin discusión posible, y si se me permite parafrasear a Federico García Lorca: hombres a los que les suena el esqueleto.

Fdo: Carlos de Abuín

Antonio de Pinto en “Canciones al filo” 2010

Antonio de Pinto nace en diciembre de 1965.
Su vocación musical es tardía, ya que empezó a tocar la guitarra a los 23 años, y no fue hasta el año 1993 cuando escribió su primera canción. Luego llegaron sus primeros conciertos junto a otros músicos de su generación Luis Felipe Barrios, Matías Ávalos, Ismael Serrano, Moncho Otero o La oreja universal, con los que crearía “Los Nuevos Juglares”.

Tiempo después participó en los dos discos recopilatorios del sello Fonomusic llamados ”Cantautores, la Nueva Generación”, siendo elegida su canción “Ventanas”. Es entonces cuando empieza a presentar su trabajo fuera de Madrid visitando, entre otros: La Carbonería y La Salamandra (Sevilla), Palacio de Congresos de A Coruña, Santana ( Segovia), La Salamandra (Valladolid) y varios teatros de distintas ciudades de la geografía española.


Autoría y derechos de la imagen Gonzalo Jerez (El Selenita)

En el año 2000 Antonio de Pinto, conocido y admirado cantautor entre los de su generación, se lanza a grabar su primer trabajo en solitario, “Tono Oscuro”. Lamentablemente artistas como él no pueden vivir sólo de la música y alterna sus conciertos con un negocio de muebles de cocina. Después de muchos impedimentos decide volver a grabar, cierra el negocio de muebles de cocina y vuelve a la colmena en Abril del 2002 para completar su segundo trabajo discográfico: “Humo”. En 2005 llega “Currículum” y por último, acaba de publicar y presentar en 2010 su cuarto disco: “En mi rincón”.

11 de abril de 2010
Casa de Cultura
Becerril de la Sierra
19:00h.

5 euros a beneficio de Médicos del Mundo

Pablo Ager y Míguez en “Canciones al filo” 2010

PABLO AGER

Pablo Ager nació en julio de 1983, estudió piano y solfeo en el conservatorio. De ahí pasó a formar parte de un grupo con compañeros de instituto que nunca llegó a cumplir sus expectativas. Así comenzó a subirse a los escenarios de locales madrileños como Búho Real, Libertad 8, Galileo o Clamores. También suele tocar en ciudades como Barcelona o Sevilla. Actualmente tiene dos discos autoproducidos en el mercado: Durmiendo en Azoteas (2005) e Incierta Memoria (2008).

La música de Pablo Ager desafía toda clasificación. Tiene una buena parte de rock norteamericano clásico, algo de canción de autor y mucho de reflejo de su propia personalidad. Letras inteligentes y melodías que perduran forman parte de un estilo propio, que ya se puso de manifiesto en su anterior disco: Durmiendo en azoteas. Su manera de ver la vida tamiza las pequeñas historias urbanas, la soledad, el amor… para darles cuerpo en canciones personales y en muchas ocasiones, conmovedoras. Hay que reseñar también que en su último disco, “Incierta memoria”, contó con las voces de Dani Flaco y Julia Molano.

MÍGUEZ

Manuel Míguez, músico gurriato, comenzó estudiando violín en San Lorenzo del Escorial. Profundizó más tarde en piano, guitarra y producción musical, además de hacerse un hueco en el circuito de conciertos de la capital, presentando su música por salas como Barcelona 8, El Buho Real o el Rincón del Arte Nuevo.

Ha participado en diversas agrupaciones musicales como la orquesta Matisse, el coro de la Universidad Complutense, el grupo rock Pájaros Mojados o la banda del cantautor César Rodríguez.

Actualmente ha creado el proyecto Míguez con el que presenta su primer disco “El aire y el tiempo” (autoproducido en 2009) por varias salas de la Comunidad de Madrid, a la vez que última sus estudios de musicología. En su estilo prima la melodía, los arreglos electrónicos minimalistas y pop rock, así como elementos clásicos.

10 de abril de 2010
Casa de Cultura
Collado Villalba
19:00h.

5 euros a beneficio de Médicos del Mundo

La Casa del Mar en Navacerrada

Un viaje de fuera hacia dentro. Del frío que acompañó el primer día de la primavera al calor de La Casa del Mar: Carmenmari y Paco, que, con su espectáculo llevaron de la mano a todos los asistentes a un viaje a través de la música, la palabra y la imagen, por la vida, desde el nacimiento hasta la muerte.
En el escenario una jarapa, un par de tinajas, una tetera… con té, y varias lámparas de fuego que dibujan el hogar de La Casa del Mar al que todos estábamos invitados. Al piano un viejo compañero de ellos, Iñigo Uribe, que también acompañó en alguna canción con la flauta travesera; en la guitarra Paco, que sorprendió con un curioso instrumento turco llamado Baglama, y Carmenmari, que alza su voz en cada canción y dirige este peregrinaje musical como segura capitana del barco.

La Casa del Mar en Navacerrada

Al fondo, una pantalla sobre la que se proyectan imágenes acordes con cada canción, con cada ritmo… un cálido ambiente para recrearse e inspirarse. Y entre canción y canción para su presentación, algunas frases de Unamuno, Neruda, Coelho… y un recuerdo para el recientemente fallecido Miguel Delibes.
En definitiva un estímulo para los sentidos, la vista, el oído, el gusto… un concierto de hora y media en el que Paco y Carmenmari repasaron su discografía, en esta ocasión, quizás más étnica, jugando la percusión un importante papel en cada tema. Versionaron, además, temas de Sting, Simon & Gartfunkel y Noa.

La Casa del Mar en Navacerrada

Carmenmari canta con pasión los temas que firma La Casa del Mar. De vez en cuando, Paco interviene como segunda voz y consigue que cada canción crezca más y resulte más sólida con su diferente tesitura vocal en cada una de sus intervenciones. Quizás se echó de menos más esta segunda voz a lo largo de la velada, posiblemente por quedar algo más baja de volumen.

La Casa del Mar en Navacerrada

Con el amor por bandera, el amor a la vida, a los hijos, a la pareja, a los amigos y la familia, el concierto no deja de ser un mensaje en una botella para que cada uno de los presentes reflexionemos desde nuestra pequeña isla, y nos preguntemos cuáles son nuestros sueños para salir a buscarlos valientes, sin decaer ante las adversidades.

Fdo: Beatriz Pérez Otín