Antonio de Pinto en Becerril de la Sierra

Con la sobriedad de un telón de fondo negro, custodiado a cada lado del escenario por unas cortinas bermellón, aparece en el escenario el cantautor de Lavapiés, Antonio de Pinto acompañado del guitarrista Antonio Toledo. Dos caballeros andantes, llegados desde la capital en autobús a este rincón del Guadarrama, Becerril de la Sierra, de cuyo nombre sí puedo y quiero acordarme.

Sobre las tablas, con sueño quijotesco, se presentan los Antonios con su mejor arma, la guitarra, y una gran colección de canciones de la discografía de Antonio de Pinto que dan de sí y crecen en directo, quizás por la pasión que arroja el interprete en ellas. Canciones, sobre todo, de su último disco “En mi rincón” publicado a principios de este año, y en el que de Pinto puede presumir de haber hecho lo que ha querido, puesto que es un disco autoproducido y grabado en casa con la colaboración de otro cantautor, César Rodríguez. Algo que sólo con mucha experiencia – quizás sus más de quince años componiendo y defendiendo su trabajo en las salas de música – le da voz de autoridad para hacerlo.

Antonio de Pinto en Becerril
Copyright Beatriz Pérez Otín

Volviendo a la cuarta cita del ciclo “Canciones al Filo”, quijotesca también por seguir defendiendo su espíritu a pesar de la falta de medios y sus, en ocasiones, pocos feligreses… nos encontramos con las letras intimistas de Antonio y las melodías de sus canciones, con guiños al rock andaluz de los 70 (siempre en búsqueda de la raíz flamenca), cierta influencia de rock sinfónico, y un aliño de reggae en algún tema, como “1+1”. ¿Y para conseguirlo? Antonio se custodia de la destreza y virtuosidad del gaditano Antonio Toledo, isleño como Camarón, que toca la guitarra con mucho arte. En definitiva, un diálogo sin tregua a 12 cuerdas y cuatro manos, que dejan al “escuchante” sin respiración.

Pese a la austeridad y sencillez de la escenografía, la particular y personal voz de Antonio consigue atrapar a los presentes en cada una de las historias. No ha lugar para el atrezzo que distraiga al espectador de este racimo de canciones, que tímidamente, casi entre susurros, presenta su autor. Y así entre canción y canción nos adentramos en la poesía de temas de actualidad como la inmigración en “Sobre la patera”, dramas como “El columpio de Mónica”, la sobrecogedora “Teatro de marionetas”, e incluso, viajamos hasta “Andrómeda”. Sin olvidar su paso por la canción “En mi rincón” que como dije, da nombre a su cuarto disco.

Antonio de Pinto en Becerril
Copyright Beatriz Pérez Otín

Se siente a “los Antonios” cómodos sobre el escenario, están en casa, aunque esta casa serrana no esté tan habitada como debería. El público está entregado, y después del “Fin” con mayúsculas, llegan los bises que nos despiden de un gran concierto.

Fdo: Beatriz Pérez Otín

Míguez y Pablo Ager en Collado Villalba

MODOS DE VIVIR QUE NO DAN DE VIVIR

Inicio esta crónica tomando prestado el título de un señero artículo periodístico del malhadado escritor español Mariano José de Larra. En éste, el periodista, una vez analizados varios oficios modestos desempeñados por gentes en ocasiones rozando una vida miserable, llega a la conclusión de que –sin embargo- el oficio menos verdadero, más pretexto de existencia que genuino oficio, es el de escribir para un público y hacer versos para la gloria. Y como Larra, diremos que, a día de hoy, ejercer de cantautor, de poeta de hermosas palabras y sentidas melodías, oficio es ingrato y sufrido, labor reservada a románticos y tozudos, a músicos –vates- amantes del anochecer pero fieles esposos de impasibles alboradas.

Míguez y Pablo Ager son una muestra más, de las muchas que proliferan por los bares de conciertos de nuestras ciudades, que dignamente desarrollan su actividad; a la cual, dicho sea de paso, dedican mucho tiempo, esfuerzo y amor, y, cuya recompensa, sea mundana, sea espiritual, suele verse mermada e incluso usurpada, por una sociedad que parece abducida por alguna raza enemiga –venida de no se sabe que planeta- y que parece conducirnos sin remedio a la trivialidad y la ordinariez más exasperante.

Pero vayamos con el concierto. Subió primero Míguez al escenario de la Casa de Cultura de Collado Villalba y presentó el concierto con esa tranquilidad de maneras que le acompaña siempre y con una agradabilísima sonrisa de la que, por cierto, nunca se desviste, ni encima, ni al bajar de cualquier escenario. Las canciones de este cantautor (que además acompaña como músico –violín- a otros cantautores como Antonio de Pinto o Cesar Rodríguez) pese a no tener el mismo tempo ni tonalidad, mantienen una unidad entre sí, un tono y un aire de familia que dejan en el oyente una sensación de sosiego y apacibilidad, de estar sumido en un estanque de gentileza, de armonía y comunión con el puro equilibrio devenido en música.

Pablo Ager y Míguez en Collado Villalba

Aunque brilló sobre todo con el piano acústico y la voz sola, es Míguez, si se me permite decirlo, un ilustre representante de un género al que yo también soy muy afín, y que me gusta llamar “trovatrónica”: es decir, canción de autor con elementos electrónicos, programaciones, etc… Aunque es un género del que pueden rastrearse antecedentes a finales de los años setenta (Franco Battiato, Serge Gainsbourg, David Bowie, Pablo Guerrero…) tuvo continuidad en los noventa (Javier Alvarez) y en la actualidad goza de buena salud y quizás quién mejor lo represente y mejor se desenvuelva en él en nuestro país sea Jorge Drexler.

Pablo Ager y Míguez en Collado Villalba

Un momento a recordar del concierto fue cuando Míguez invitó al cantautor Chema Lara, también residente en la sierra del Guadarrama, a hacer un tema juntos “Los restos del incendio” que adquirió nuevas trazas, y se vio beneficiado con los acertadísimos arreglos de guitarra y voz de Chema, y fue interpretado con pasión por Míguez.

El segundo cantautor, Pablo Ager, vino con su nueva guitarra de doce cuerdas, la cual estrenó en este concierto y fue también acompañado por el siempre cumplido y apasionado Maíllo al bajo eléctrico. Pablo estuvo divertido y relajado, bromeando entre canción y canción, exhibiendo sin vergüenza, pero con honestidad, todas esas tablas de cantautor urbano (“he malgastado los años en besar bocas de metro” dice una de sus letras) que ya tiene sobre los hombros a base de patearse garitos de aquí y de allá a lo largo de varios años ya de rodaje de su música. Música que como siempre sigue una línea clara y firme por y hacia el rock y géneros conexos como el country o el folk de raíces norteamericanas. Aunque para mi gusto, la mejor baza de Ager son sus letras en las cuales despliega un universo poético y sentimental de gran calidad y excelencia y de hondo calado.

Pablo Ager y Míguez en Collado Villalba

Hubo sitio en el concierto para tocar un tema al piano acústico también (faceta que Pablo debería –creo- desarrollar más) con solvencia y gracia; hubo lugar para que se acompañara también con la armónica e incluso para estrenar alguna canción, y, también, para realizar un dúo improvisadísimo, con Míguez, ya que éste tuvo el bonito, generoso detalle de cantar una canción de Pablo Ager como pequeño homenaje a la música de su compañero de escenario.

Pablo Ager y Míguez en Collado Villalba

Terminaremos esta crónica retomando la idea inicial de la misma: conciertos como los de estos artistas constituyen auténticos actos de valentía en una época poco amable con los francotiradores de la trova. Por ello les admiro, les alabo y les aplaudo, y creo que todos deberíamos hacerlo. Por su esfuerzo y coraje; por su entrega y su especial destreza. Y es que Míguez y Pablo Ager son, sin discusión posible, y si se me permite parafrasear a Federico García Lorca: hombres a los que les suena el esqueleto.

Fdo: Carlos de Abuín

La Casa del Mar en Navacerrada

Un viaje de fuera hacia dentro. Del frío que acompañó el primer día de la primavera al calor de La Casa del Mar: Carmenmari y Paco, que, con su espectáculo llevaron de la mano a todos los asistentes a un viaje a través de la música, la palabra y la imagen, por la vida, desde el nacimiento hasta la muerte.
En el escenario una jarapa, un par de tinajas, una tetera… con té, y varias lámparas de fuego que dibujan el hogar de La Casa del Mar al que todos estábamos invitados. Al piano un viejo compañero de ellos, Iñigo Uribe, que también acompañó en alguna canción con la flauta travesera; en la guitarra Paco, que sorprendió con un curioso instrumento turco llamado Baglama, y Carmenmari, que alza su voz en cada canción y dirige este peregrinaje musical como segura capitana del barco.

La Casa del Mar en Navacerrada

Al fondo, una pantalla sobre la que se proyectan imágenes acordes con cada canción, con cada ritmo… un cálido ambiente para recrearse e inspirarse. Y entre canción y canción para su presentación, algunas frases de Unamuno, Neruda, Coelho… y un recuerdo para el recientemente fallecido Miguel Delibes.
En definitiva un estímulo para los sentidos, la vista, el oído, el gusto… un concierto de hora y media en el que Paco y Carmenmari repasaron su discografía, en esta ocasión, quizás más étnica, jugando la percusión un importante papel en cada tema. Versionaron, además, temas de Sting, Simon & Gartfunkel y Noa.

La Casa del Mar en Navacerrada

Carmenmari canta con pasión los temas que firma La Casa del Mar. De vez en cuando, Paco interviene como segunda voz y consigue que cada canción crezca más y resulte más sólida con su diferente tesitura vocal en cada una de sus intervenciones. Quizás se echó de menos más esta segunda voz a lo largo de la velada, posiblemente por quedar algo más baja de volumen.

La Casa del Mar en Navacerrada

Con el amor por bandera, el amor a la vida, a los hijos, a la pareja, a los amigos y la familia, el concierto no deja de ser un mensaje en una botella para que cada uno de los presentes reflexionemos desde nuestra pequeña isla, y nos preguntemos cuáles son nuestros sueños para salir a buscarlos valientes, sin decaer ante las adversidades.

Fdo: Beatriz Pérez Otín

Entrevista a Chema Lara en Radio Villalba

Javier Picos entrevistó el miércoles 10 de marzo a Chema Lara en su magazine “Calle Real” emitido en Radio Villalba para dar una perspectiva y promoción global al Ciclo de autor “Canciones al filo” de este año 2010.

Muchas gracias a Javier y David, por su trabajo y apoyo.

Y dos semanas después… comamos, bebamos, y… disfrutemos recordando el Concierto de Carlos de Abuin

Y dos semanas después, cumplo con la encomienda de plantificar unas cuantas letras que expresen, mínimamente, lo que fue el comienzo de este nuevo ciclo de Canciones al filo. Para alguien que solo puede presumir de ser fiel escuchante, es harto difícil. Pero como también es un honor, consideraremos que un plato musical no se estropea porque un pinche trastee un poco entre los pucheros. Se puede pensar que un guiso, cuanto más tiempo tarde en hacerse, mucho mejor, y no digamos de un buen vino. En este caso, el hecho de comentarlo con tanto retraso, me lleva a olvidarme de muchos ingredientes, pero también se puede deducir que si dos semanas después me sigo acordando del Concierto, es porque lo degusté de manera especial.

Carlos de Abuín en Guadarrama
Copyright Beatriz Pérez Otín

Ese Gran Cartel, que quedará en el blog debajo de este pequeño articulito, comienza con un Concierto al que yo tuve la suerte, el honor y el privilegio de asistir. Yo, mi hermano Rafa y más fieles seguidores de la música cantautoril.

Los ingredientes para el plato conciertil sabatino eran de lo más interesante:
Carlos de Abuin, alma y organizador de este ciclo, acompañado al bajo de Jose Manuel Maillo (¡cómo se le veía disfrutar!), a la batería de Miquel Ferrer, y con la colaboración de su amigo Chema Lara. Fieles escuchantes musicales éramos los que nos dimos cita en lo que fue una antigua iglesia de Guadarrama y hoy es el “Centro Cultural La Torre”, espacios que le dan a la Música un sabor especial.

Si de algo me he dado cuenta, desde que saboreo los guisos musicales de Carlos, es que son de lo más variado y sorpresivos; vamos, que trastea con la experimentación que es un gusto. Con él estoy comprobando que, aunque mi oído musical es de lo más tradicional, me embeleso escuchando sus experimentaciones musicales.
Comenzó con una canción que ya se ha convertido en muy familiar para mí: “Quisiera ser Gulliver”. Si fuese programadora musical de la televisión, la incluiría, sin ninguna duda, como sintonía de algún programa sobre libros. Como también empiezan a serme familiares otras canciones como “Baladilla de los tres ríos”, la primera que le escuché en directo en la Sala Trovadicta, en un Concierto de su amigo Francisco Espinosa. Y una de esas canciones que han hecho en colaboración es “Barcelona”, que tiene como punto de partida otro texto literario, la 2ª parte de el Quijote.

Carlos de Abuín en Guadarrama
Copyright Canciones al filo

Su inspiración también se mueve por hechos cotidianos, como ocurre en “Siglo XXI”. Y no desaprovecha ocasión para transmitirnos su pasión por la Música de Jacques Brel con su canción “Amsterdam”, y por la Música de Hilario Camacho con “El agua en sus cabellos”, sobre un poema de Antonio Machado.
Y junto a las anteriores nos ofreció una degustación de esas canciones que discurren dulcemente: “Nuei”, “La balada de Arnold Breit…”, canción que discurre dulcemente por una historia, y valdría dar la vuelta a la tortilla, digo a la frase: historia que transcurre por una canción. Otros ingredientes, nuevos para mi paladar auditivo, fueron “Johannes Kepler” y “Canción para Norma Jean”, en esta última se nos remontó a su juventud.
Chema, además de su arte con la fotografía, nos deleitó acompañando a su amigo Carlos en “La Balada de Arnolt Breit y…” y se hacía raro verlo con la guitarra de Carlos. A continuación, siguió con la que considera un clásico de su repertorio: “Si te vas”. Al igual que su autor, yo también la considero un clásico y me gusta como tal.

Carlos de Abuín en Guadarrama
Copyright Beatriz Pérez Otín

En lo que podría ser el postre, mención especial para “mi canción”: “La balada de Arnolt Breit y Clara Holt”. Sonó “divinamente” entre aquellas viejas paredes. De las pocas veces que la he escuchado en directo, ésta se me hizo particularmente corta.

Hay canciones que son especiales para empezar un Concierto, y otras que sirven para cerrarlos, lo que en términos gastronómicos vendría a ser el cafecejo. El otro día descubrí que la de “El perdedor” es ideal para ello.

Valor añadido, como si fuese un condimento, son los comentarios que Carlos nos hizo del motivo de cada canción, un escuchante así lo corroboró al finalizar el Concierto. A eso le podemos añadir otra especia, que Chema tuvo en Beatriz Perez Otín a una contrincante fotográfica.

Que disfrutásemos con el Concierto de Carlos no quita para que el post-concierto consistiese en una degustación gastronómica en el fiel sentido de la palabra. Pero esta crónica debería ir en un apartado gastronómico, faceta de la que el compositor Carlos de Abuin podría darnos muy buenas lecciones. Post-concierto en el que las conversaciones fueron pasando del tema musical al teatral. De los pinitos de algunos (Bea) a las actuaciones de otros (mi hermano Rafa, con su grupo Trastos Teatro). Había por allí mucha calidad artística reunida y, rodeada como estaba de artistas (escritores, cantautores, gente del teatro), una solo trata de que se le pegue algo, pero ni por esas…

Yo animo a todos a que no se pierdan los Conciertos que quedan de este ciclo serrano. Varios motivos se mezclan para que el guiso musical sea de lo más apetecible: Músicos que viven su Música, aunque no vivan sólo de ella; lugares con encanto serrano donde la Música suena especialmente bien, aunque no fuesen creados para estos menesteres; sin olvidarnos de la causa solidaria que los mueve, colaborar con Médicos del Mundo, aunque las altas instancias madrileñas se empeñen en lo contrario.

Este artículo carece de comentarios musicales profesionales. Sería un atrevimiento por mi parte meterme en esos berenjenales. Yo solo sé que si tuviese que volver a disfrutar ese concierto lo haría sin dudarlo.

Fdo.: CSC

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